Un día amanecí y creí ver un mundo distinto. Veía las mismas personas pero de una forma totalmente diferente. Madres, hijos, abuelos, animales.
¿Qué tan claro tenemos el mundo? Parecería ser que nuestra subjetividad nos lleva a ver, actuar, amar de una manera cuando en realidad podríamos cambiar nuestro presente y futuro simplemente eligiendo ignorar nuestros patrones y esquemas mentales. Aquellos que nos encasillan, limitan. Estos benditos patrones son nuestra condena. Valga el oxímoron. ¿Cuán cuadrados podemos ser? ¿Nos sentimos realizados en algún momento? Es una cuestión de conformidad.
Por suerte, padezco el mal de la disconformidad. Y al no carecer de asombro, mi vida es un tobogán.
No hay comentarios:
Publicar un comentario